
A Ti, Que Me Esperas Bajo La Luna
Quiero contarte la historia de alguien enamorado,
de alguien que ha caminado pisando piedras,
tras muchas huellas buscando un nombre.
Vivía cerca de un río, lejos del mundo actual,
tan lejos de la sombra como de la gran ciudad;
vivía tranquilo, en armonía, vivía contemplando las nubes,
vivía solo, como quien solo ha nacido y no sabía por qué estaba vivo.
A la mañana despertaba con el sol
y luego de recoger flores soñaba tranquilo sin temores,
cuando llegaba el medio día le invadía la dicha de ver una rosa florecer;
y en la tarde era tan fácil caer sobre el pasto
y quedar horas y horas callado sin extrañar palabras fuera de sí…
En su llegada al mundo lo vi poco a poco aparecer por el camino,
iba y volvía, hasta que un día llegó,
no conocía el nombre de las calles,
lo asustaba el ruido de la ciudad,
muchas veces quiso escapar,
pero pasados los años se acostumbró a la idea
de vivir lejos de su pradera
y vivir en la gran ciudad.
Durante mucho tiempo vivió frente al espejo …
conoció el reloj y lo odió,
conoció el dinero y lo odió,
conoció el hambre y lo odió,
supo el frío y también lo odió,
conoció el amor… y lloró…
De poco acostumbrarse a este mundo
yo podía verlo caminando por los parques,
lo veía tallando piedras y escribiendo en los árboles …
lo vi tan poco común que quise hablarle,
fue difícil, no lo niego, pero lo hice y conocí lo bueno…
algo que no conocí con el reloj ni con el dinero.
Lo encontré frente a un árbol en una noche sin luna,
sonrió tan amablemente que le pregunté:
¿A quién amas?
Cerró los ojos y luego de ensimismarse me miró de frente y me señaló al cielo.
- ¿Ves aquella estrella?
- ¿Cuál? – pregunté –
- La que ilumina más que el sol
No vi ninguna estrella, el cielo estaba oscuro.
- Cierra los ojos – me aconsejó-
Los cerré y luego de hacerlo pude ver una luz que iluminaba todo el lugar,
no era una estrella común, era más que el sol y todas las estrellas juntas.
Lleno de asombro y de dudas escuché sus palabras:
- Estoy buscando un nombre.
En cuanto quise preguntarle para quién echó un suspiro
y huyó del lugar,
quedé solo con la luz.
Esa noche aprendí que era posible ver más allá
más allá de donde los ojos pueden llegar….
Tras los meses ya no lo veía,
desapareció y nadie en la gran ciudad dio cuenta de su ausencia,
así que bajo la lluvia de una fría noche decidí ir a buscarlo,
lo encontré bajo un árbol sumido en la oscuridad,
lo encontré con las manos ensangrentadas;
no quiso venir conmigo,
me contó cómo vivía antes de que llegara a la gran ciudad,
me contó que no encontraba ningún nombre
y lleno de ira destrozó un rosal.
Mostrándome sus manos heridas me dijo:
-Sufro solo en la ciudad.
No entendí de qué soledad hablaba,
lo invité a venir conmigo y no quiso,
con algunos años otra vez desapareció,
pude suponer que había muerto de hambre o de frío,
el tiempo hizo lo suyo y entonces lo olvidé.
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Tarde de diciembre y llovía,
el viento soplaba feroz,
no había nadie en la calle;
el calor de un hogar que a la gente esconde.
Abrí la ventana y quedé mudo,
lo vi sonreír corriendo por la calle y gritando un nombre…
tu nombre….
A.M.V.